La Guía México Gastronómico 2026 inicia con una cena imperial
En el Palacio Municipal, Puebla abrió la agenda con una cena imperial que mezcló protocolo, historia y alta cocina para celebrar su orgullo local.
En el Palacio Municipal de Puebla, La Cena Imperial fue acto de apertura para México Gastronómico 2026. La velada combinó el peso simbólico del recinto con un guion de protocolo y cocina de alto nivel, pensado para dar a conocer. el orgullo local y marcar el inicio formal de las actividades en la ciudad.
Además, el encuentro sirvió como punto de arranque del programa impulsado por Culinaria Mexicana, que se desarrolló del sábado 31 de enero al lunes 2 de febrero en Puebla. Con eso, la cena dejó de ser solo una bienvenida: se volvió un momento que se sintió de verdad. Como decir, con la mesa puesta y la gente reunida, “aquí estamos y también queremos ser parte de lo que está pasando en la gastronomía del país”.

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El banquete como mensaje: Maximiliano y Carlota
Inspirada en los banquetes del Segundo Imperio Mexicano (1863–1867), aquellos que Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica usaban para proyectar poder, disciplina y refinamiento, la velada retomó ese tono ceremonial donde todo estaba calculado. Nada quedaba al azar: ni los tiempos, ni los recorridos del servicio, ni lo que se quería comunicar. Como se explicó durante la cena, en esas cortes la comida no se entendía solo como placer, sino como una herramienta de control, una puesta en escena de abundancia y un símbolo de autoridad.
En el corazón del Centro Histórico de Puebla reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, el Palacio Municipal cambió por una noche de vocación y se volvió escenario ceremonial. Rodeado de símbolos que definen a la ciudad, a pocos minutos de la Catedral, la Biblioteca Palafoxiana y una zona que concentra más de dos mil monumentos, el lugar funcionó como una carta de presentación: Puebla no solo resguarda historia y arquitectura; también sostiene una cocina que la coloca, con claridad, en el mapa cultural del país.

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Una noche que celebró 12 años de la Guía México Gastronómico
Además de La Cena Imperial, la noche fue el arranque oficial de agradecimiento que se sintió en cada intervención. En el mismo espacio coincidieron autoridades estatales y municipales, chefs invitados de México y del extranjero, así como periodistas especializados y creadores de contenido. El motivo iba más allá del menú: se celebraron doce años de un proyecto editorial y gastronómico que, con el tiempo, se ha convertido en un punto de encuentro para lo más sólido de la cocina mexicana.

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Un menú en seis tiempos con raíces poblanas
Primer tiempo: Augurio abre la noche
La cena arrancó con un bocado de precisión. Augurio sirvió paté de ostión ahumado con chilate, brioche y quelites, una combinación que mezcla costa, maíz y verde de temporada sin perder finura. Para subrayar el arranque, el maridaje fue Champagne Louis Roederer Collection: burbuja limpia y perfil serio.

Segundo tiempo: Moyuelo y el rito de comer con la mano
Después, el guion se volvió más cercano. Moyuelo propuso un molote de requesón bandera con salsa roja y salsa verde, pensado para tomarse sin cubiertos, como se hace en la calle y en casa. El acompañamiento fue cerveza Tempus Maple, que aportó dulzor y cuerpo para sostener el requesón y el maíz.

Tercer tiempo: Mural de los Poblanos y el ícono reeditado
El tercer paso fue una miniatura con peso simbólico. Mural de los Poblanos llevó a la mesa el taco árabe en versión pequeña: mini taco árabe (US Pork) con jocoque seco preparado y salsa de chipotle. El maridaje, Tequila Herradura Selección Suprema, sumó una nota cálida y expansiva, ideal para el chipotle y el lácteo.

Cuarto tiempo: Casa Reyna y el mestizaje servido en molcajete
Luego, la noche entró al terreno del mestizaje bien entendido. Casa Reyna presentó un mixiote de huachinango con nopales, servido en un molcajete diseñado especialmente para la ocasión. El plato jugó con la idea de envoltura, humo y cocción lenta, pero con un pescado que mantuvo el centro fresco. El maridaje fue Lusco Albariño 2023 (Casa Domecq), un blanco con filo para acompañar mar, acidez y textura vegetal.

Quinto tiempo: La Noria, contundencia con mole poblano
El punto más robusto llegó con La Noria: medallón de filete de res en hojaldre, mole poblano, espiral de plátano y puré de camote. Aquí la cena se plantó en el corazón de la cocina poblana, con esa mezcla de dulces, especias y profundidad que el mole exige. El maridaje, Casa Madero Shiraz 2023, acompañó la intensidad sin pelearse con el cacao y las notas tostadas.

Sexto tiempo: Macuitl Molino cierra con técnica y contraste
Para cerrar, Macuitl Molino eligió un final contemporáneo, muy trabajado en textura y temperatura: tamal de chocolate, salsa de chocolate con hoja de higo, xoconostle calcificado y fruta de temporada. Fue un postre que no buscó “ser amable”, sino dejar un contraste claro entre amargor, acidez y fruta. La despedida líquida fue un Espresso Martini con vodka premium, para rematar la ceremonia con energía.

Al final de la cena, hubo un momento que cambió el tono de todo. Nos pidieron ponernos de pie para conocer a la persona que nos había atendido personalmente durante toda la noche. Fue profundamente emotivo. Ellos mismos nos entregaron un presente y, por unos minutos, la solemnidad se volvió cercanía: hubo risas, abrazos y una admiración sincera por su trabajo.






