Anette Arellano y Kalimori impulsan inclusión
Kalimori creado por Anette Arellano, vincula artesanía mexicana, becas y programas de autonomía para personas con discapacidad intelectual.
Cuando un proyecto nace de una necesidad real y de un amor genuino por las personas, toma forma de manera orgánica. Así surgió Huakal, iniciativa creada por Anette Arellano, que reúne dos de sus grandes pasiones: la artesanía mexicana y la inclusión de personas con discapacidad intelectual. En entrevista platicó sobre todo lo que implica esta marca.
La historia no comenzó con las ventas, sino en casa. Hace más de treinta años, con el nacimiento de su hija Alexia, Anette comprendió que en México hacía falta crear espacios donde las personas con discapacidad intelectual pudieran aprender, convivir y desarrollar sus talentos. A partir de esa realidad, decidió dedicar su vida a generar proyectos que ofrecieran dignidad y acompañamiento.

¿Qué es la Fundación Kalimori y por qué es importante para Huakal?
En 2013, se creó la Fundación Kalimori. La hice pensando en los adultos con discapacidad intelectual que muchas veces quedan fuera de los espacios de aprendizaje y de convivencia. En ella ofrecemos actividades como jardinería, arte, cerámica, música y cocina. No son talleres para ‘entretenerlos’; los diseñamos para desarrollar habilidades, fortalecer su autoestima y darles un lugar donde se sientan parte de una comunidad.
De los talleres de cerámica surgieron las piezas que hoy se conocen como ‘By Kalimori’. La idea siempre fue que las personas que las realizan reciban reconocimiento y también un ingreso justo, porque su trabajo vale. Por eso digo que Kalimori es el corazón de todo lo que hago: es el centro de mi pensamiento y el motor de mis proyectos. De ahí nace también Huakal, porque entendí que sí se puede crear una plataforma que apoye a los artesanos mexicanos y, al mismo tiempo, visibilice el talento de las personas con discapacidad intelectual.”
La Fundación se encuentra en Malinalco, Estado de México, esta ofrece a adultos con discapacidad intelectual un lugar donde puedan desarrollar sus capacidades con respeto, estructura y acompañamiento. Desde el principio tuve claro que no quería solo un taller o una casa hogar; quería un modelo que realmente impulsa su autonomía y les diera oportunidades reales en la vida diaria.
¿En qué consiste la iniciativa?
Es una comunidad con instalaciones adaptadas y con un equipo especializado. Aquí trabajamos para que las personas aprendan a vivir con mayor independencia, pero siempre con contención. Lo hacemos a través de un modelo residencial, de un programa diurno y de un diplomado que fortalece la autodeterminación. Todo está pensado para que cada residente avance a su ritmo y no se quede solo en la parte asistencial.

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¿Cuáles son los programas principales?
Operamos con tres programas fundamentales:
- Residencia Kalimori. Es el corazón del proyecto. Aquí los jóvenes viven en un entorno seguro, con horarios, actividades y supervisión profesional. Esta estructura les permite practicar su independencia todos los días.
- Programa diurno. Está dirigido a personas de Malinalco y zonas cercanas. Muchas de ellas ingresan gracias a becas, porque sabemos que hay familias que no pueden cubrir la cuota. A través de este programa fortalecemos su vida social y productiva.
- Diplomado Kalimori. Lo diseñamos para trabajar autogestión, autodeterminación y habilidades para la vida adulta independiente. Buscamos que ellos mismos tomen decisiones y se reconozcan como capaces.
¿Por qué es importante que no estén siempre en casa?
La pandemia fue un punto de inflexión. Ahí nos dimos cuenta de que el modelo residencial funcionaba mejor que otros esquemas. Cuando los jóvenes regresaban a casa, muchas veces los papás les resolvían todo con amor, pero sin querer frenaban su avance. Al volver con nosotros, teníamos que volver a empezar. Por eso reforzamos la idea de que la continuidad y la estructura diaria son claves para que no retrocedan.
Además,porque cuando están en un espacio diseñado para ellos, se defienden solos. Descubrimos que, sin sobreprotección, son capaces de organizarse, convivir, cumplir horarios y hacerse responsables. A veces el reto no es el joven, es el desapego de la familia. Lo entiendo perfecto, es un paso emocionalmente difícil, pero cuando lo dan, ven el cambio.

¿Cuántos lugares tienen disponibles?
Hoy tenemos menos de 60 plazas. Eso significa que hacemos un proceso de admisión muy cuidadoso. Queremos asegurarnos de que cada persona reciba atención personalizada y que su perfil sea el adecuado para la comunidad. Preferimos crecer bien y no rápido.
En nuestros proyectos no hay utilidades para personas o accionistas. Lo único que se paga es la operación y al equipo que trabaja. Todo lo que las empresas generan por encima de esos costos se destina directamente al fondo de becas.”
¿Cómo puede una familia acercarse?
Es muy sencillo. Nos pueden contactar a través de nuestro sitio web oficial: kalimori.org o por nuestras redes sociales. Ahí publicamos convocatorias, talleres y la información sobre ingreso. A partir del primer contacto vamos guiando a la familia: hacemos entrevistas, evaluamos al candidato y vemos si el programa que tenemos es el que necesita.

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Mencionaste que también hay un componente social. ¿Cómo funciona?
Sí, y para mí es muy importante. Una parte de los ingresos que obtenemos sobre todo de la venta de artesanía mexicana de alta calidad— la usamos para becar a nuevos integrantes. Muchas familias no pueden pagar talleres de arte, cocina, música o cerámica. Con estas ventas nosotros las integramos. Así conectamos economía local, artesanía e inclusión. Todo lo que hacemos está vinculado.
¿De qué manera la creación de By Kalimori y la certificación ante CONOCER han ayudado a que las personas con discapacidad intelectual tengan una formación laboral real y oportunidades de ingreso?
Dentro del lugar vimos que muchas de las personas que viven con nosotros tenían habilidades reales para producir, cocinar o trabajar con las manos, pero que pocas veces se les da la oportunidad de convertir eso en algo profesional. Por eso creamos By Kalimori, que es la línea donde comercializamos los productos que ellos mismos elaboran en nuestros talleres.
No es solo una venta. Es una forma de que tengan experiencia laboral real, que aprendan a cumplir horarios, a seguir procesos y a sentirse parte de algo productivo. Además, lo que generamos ahí nos ayuda a sostener la operación y a seguir becando a más familias que no pueden pagar una cuota completa.
Otro paso muy importante para nosotros fue certificarse ante CONOCER, que depende de la SEP. Eso nos convierte en un centro capacitador y certificador reconocido, algo que no es común en un proyecto enfocado en discapacidad intelectual. Gracias a esa certificación hoy podemos ofrecer cuatro especialidades formales: cuidado equino donde los formamos como caballerangos, asistente de cocina, jardinería y horticultura y servicios de limpieza con técnicas profesionales.
Esto tiene dos efectos que para mí son clave: por un lado, abrimos una fuente de ingresos porque también viene gente externa a capacitarse con nosotros; y por otro, nuestros residentes salen con una formación que sí les puede abrir una puerta laboral fuera de Kaliman. Al final, de eso se trata: de que la discapacidad no los limite a un taller recreativo, sino que los lleve a una vida más independiente.

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¿Qué es Huakal?
Huakal es un proyecto mexicano de comercio con causa que surgió cuando su fundadora comenzó a viajar por el país en busca de artesanía mexicana distinta, elaborada en comunidades que casi no aparecen en los circuitos comerciales habituales. En ese recorrido, se dio cuenta de la vulnerabilidad económica y social que viven muchos artesanos mexicanos y entendió que era necesario crear una plataforma que pagará de forma justa, diera visibilidad y respetara sus técnicas. Por eso, Huakal no solo compra y difunde piezas, sino que también coloca al artesano en el centro, para que su trabajo tenga continuidad y valor real.
Lo que hace especial a Huakal es que el 100% de los beneficios se destina a proyectos sociales, principalmente a la Fundación, que impulsa la integración de personas con discapacidad intelectual mediante becas y programas. Es decir, cada pieza vendida ayuda en dos direcciones: fortalece el oficio artesanal y, al mismo tiempo, favorece la inclusión. El nombre Huakal proviene del maya y significa “uniendo voces”, porque la idea es tejer comunidad entre quienes crean, quienes compran y quienes necesitan apoyo.
Huakal es una iniciativa de artesanía con propósito social: compra a artesanos que preservan técnicas tradicionales, vende con criterios de comercio justo y canaliza todos sus ingresos a causas comprobables. Así, la cultura, la economía local y la inclusión quedan ligadas en un mismo proyecto, con una narrativa clara y humana.
¿Cuál es el diferenciador de Huakal?
Lo que distingue a la marca es que no solo ofrece productos bonitos; detrás de cada pieza hay una historia documentada, un taller identificado y, en muchos casos, una comunidad que depende de ese ingreso. Además, al vincularlo con el trabajo de Fundación Kalimori, Anette muestra que la artesanía también puede ser una herramienta de inclusión, de formación y de independencia para personas con discapacidad intelectual.
Hoy, Huakal funciona como un puente entre tres mundos: el de los artesanos mexicanos, el de los consumidores que buscan objetos con sentido y el de las familias que quieren oportunidades para sus hijos con discapacidad. Gracias a esa estructura, el proyecto puede crecer sin perder su propósito original.
¿Cómo es el proceso de selección de las piezas que llegan a Huakal?
Cada año hago dos o tres viajes a los estados con mayor tradición artesanal. Ahí platicó con las familias, visitó sus talleres y veo directamente cómo trabajan. Para mí es muy importante conocer el origen de cada pieza, porque así puedo contar su historia con honestidad. Además, este contacto constante me permite hacer un scouting real y elegir sólo lo que tiene calidad, autenticidad y valor cultural.
Podría comprar en un solo lugar y llenar el inventario, pero no es la idea. Prefiero ir comunidad por comunidad y crear relaciones de confianza con los artesanos mexicanos. Así trabajamos a largo plazo y ellos saben que su trabajo será pagado de forma justa. También así podemos identificar técnicas de barro, textiles, cerámica o fibras naturales que vale la pena conservar.
¿A dónde se destinan las ganancias de Huakal?
Algo que pocas personas conocen es el propósito social que hay detrás de Huakal. Todo el ingreso que obtenemos de nuestra artesanía mexicana se destina a otorgar becas para que más personas puedan integrarse a la Fundación. Muchas familias no pueden pagar la cuota para que sus hijos o hermanos con discapacidad intelectual participen en talleres de arte, cocina, música o cerámica; por eso, con las ventas, nosotros los incorporamos y aseguramos su continuidad dentro de la comunidad.
Gracias a este modelo, Huakal cumple dos objetivos al mismo tiempo: por un lado, da visibilidad y valor al trabajo de los artesanos mexicanos y, por otro, fortalece el crecimiento de la Fundación Kalimori. Para mí, la artesanía no es solo decoración; es una herramienta de inclusión, de apoyo a la economía local y de respeto a la cultura que conservan nuestras comunidades.
¿Crees que México está haciendo lo suficiente en inclusión o aún falta camino por recorrer?
Tener un hijo con discapacidad no es nada fácil. Con los años me he dado cuenta de que los jóvenes con discapacidad no son el problema, sino la gente que los rodea. Cuando aceptas eso, te peleas contra el mundo para ver cómo sacas adelante a tu hijo.
El duelo por no haber tenido un hijo “regular” es muy fuerte y, de alguna manera, persiste toda la vida, porque siempre hay una nostalgia por lo que hubiera sido sin discapacidad. Yo siempre pensé en ayudar a mi hija a ser lo más independiente posible. Cuando creció y veía a sus hermanos con una vida “normal”, ella empezó a pedir una vida propia: quería tener su casa y su novio. Ahí también te das cuenta de que tus otros hijos viven su propio duelo, porque sienten la responsabilidad de que, cuando yo no esté, ellos tendrán que ver por su hermana.
En la adolescencia, Alexia empezó a tener crisis fuertes. Ahí entendí que yo tenía que hacer algo para que ella tuviera un lugar donde pudiera ser feliz en su adultez, desarrollando una profesión. En México no había lugares donde los jóvenes pudieran tener una comunidad real de vida, de vivienda, de compartir y de trabajar. Por eso creé Kalimori: un lugar fuera de la ciudad que incluye la parte social, lúdica y profesional. Al principio mucha gente pensaba que era un sitio donde dejabas a tu hijo y te desentendías, pero con el tiempo se dieron cuenta de que ahí tienen amistades, son felices y ven a sus papás cuando quieren.
¿Qué mensaje le darías a la sociedad para que abra espacios laborales y brinde oportunidades reales a las personas con discapacidad?
En México hay instituciones que capacitan y forman a personas con discapacidad intelectual para que puedan integrarse al entorno laboral. El desafío no está en ellos, el problema lo tenemos los de afuera: empresas, reclutadores y sociedad. Hace falta sensibilizar a las organizaciones porque a muchas les cuesta trabajo dedicar tiempo a explicar paso a paso una actividad, cuando eso es justamente lo que se requiere para que una persona desarrolle una habilidad laboral.
Aquí es donde entra la empatía. No sabemos si algún día una persona cercana necesitará este tipo de apoyos; solemos pensar “a mí no me pasa”. A los padres les diría: no tengan miedo. Sus hijos son capaces de lograr muchas cosas si se les permite desarrollarse, trabajar y convivir. Darles esa oportunidad no es un favor, es reconocer su derecho a participar y aportar.
Se están perdiendo de un mundo muy especial cuando no dan oportunidad de convivir y trabajar con personas con discapacidad intelectual. Hemos perdido la capacidad de sorprendernos con lo sencillo, y no hay nada tan poderoso como ver a un ser humano que antes se atoraba en una tarea y ahora la realiza con seguridad, y saber que tú fuiste parte de ese avance. Ese momento te recuerda que sí es posible cambiar una vida. No todos damos esa oportunidad, pero quienes la dan descubren un valor humano enorme y una inclusión real.
¿Cómo te hace sentir saber que las personas con discapacidad intelectual sí perciben el rechazo y la indiferencia de los demás?
Una amiga nuestra, que es pintora, realizó un proyecto para que diez de los jóvenes de la fundación participaran con el tema “¿Qué se siente ser excluido?”. Parte de la pintura y de los rasgos que se aprecian en el cuadro representan las sensaciones, la soledad y el rechazo que ellos sienten cuando alguien los ignora.
Este cuadro está en Casa Huakal. Ahí se reflejan caras tristes, cuerpos oscuros, lágrimas y el paso del tiempo, que para ellos es estático porque viven en el presente. Mucha gente cree que no se dan cuenta de nada, pero es un error, ya que ellos son muy sensibles y desarrollan distintas habilidades. Hay personas que se ponen nerviosas con ellos o no saben cómo hablarles, y ellos lo perciben y te lo dicen.
IG @huakal_






